La agencia espacial de Estados Unidos divulgó registros junto a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). El informe confirmó que factores climáticos atípicos en el Polo Sur ampliaron la zona vulnerable.
La capa protectora de ozono de la Tierra mantuvo en 2026 su trayectoria de recuperación. De todos modos, las condiciones atmosféricas hicieron que el agujero antártico alcanzara una extensión mayor que en años recientes, informaron la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre, el período de mayor agotamiento, la superficie promedio afectada fue de 25 millones de km² (9,6 millones de millas cuadradas). Esa extensión ubicó al fenómeno en el séptimo puesto entre los mayores registrados durante 48 años de observaciones.
El ozono estratosférico funciona como una barrera frente a la radiación solar dañina. Su papel es distinto del ozono presente cerca del suelo, considerado un contaminante atmosférico que suele originarse en actividades humanas.

Un vórtice polar que prolongó el agotamiento
El agujero alcanzó su mayor extensión diaria el 18 de septiembre, cuando cubrió 27,1 millones de km² (10,5 millones de millas cuadradas). El mayor registro desde el inicio de las mediciones tuvo su pico en septiembre de 2000.
La formación anual del agujero se ha producido más tarde en las últimas temporadas, un comportamiento asociado a la recuperación de la capa protectora. Sin embargo, las condiciones de 2026 prolongaron el proceso de pérdida de ozono sobre la Antártida.
Paul Newman, científico sénior de la Universidad de Maryland, Condado de Baltimore, y referente histórico del equipo de investigación del ozono de la NASA en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, explicó: “En los últimos años, el agujero de ozono anual se ha estado formando más tarde en la temporada, lo que indica que la capa de ozono se está recuperando. Pero un vórtice polar inusualmente potente ha prolongado el agotamiento del ozono en la Antártida esta temporada, lo que ha permitido que el agujero crezca hasta alcanzar proporciones que no habíamos visto en una década”.

Newman estimó que el fenómeno podría haber ocupado entre 3,5 millones de km² más si las sustancias que destruyen el ozono conservaran la abundancia que tenían en la atmósfera en su punto máximo, en 2000.
La investigadora científica Amy Butler, del Laboratorio de Ciencias Químicas de la NOAA, atribuyó la extensión a la debilidad de los sistemas meteorológicos planetarios que normalmente ascienden desde las capas inferiores de la atmósfera y dispersan el vórtice polar. “Esa débil actividad ondulatoria mantuvo los vientos más fuertes del vórtice polar a varios grados de latitud del polo, creando una zona más amplia con condiciones ideales para que se produzca el agotamiento de la capa de ozono”, señaló.
Menor profundidad y descenso del cloro estratosférico
La extensión del agujero no se tradujo en un agotamiento tan profundo como el de otros episodios de gran tamaño observados en décadas anteriores. Los instrumentos transportados por globos del Observatorio Atmosférico de Referencia del Polo Sur detectaron una concentración mínima anual de 105 unidades Dobson el 17 de octubre.
La unidad Dobson es la medida estándar de concentración de ozono. El valor más bajo documentado sobre el Polo Sur fue de 92 unidades Dobson, registrado en octubre de 2006.

Las observaciones terrestres, los globos sonda y los satélites permiten seguir la evolución de la capa desde 1979. Para el análisis de 2026 se utilizaron datos del satélite Aura de la NASA, NOAA-20, NOAA-21 y Suomi National Polar-orbiting Partnership, operado de manera conjunta por ambas agencias.
Los controles aprobados en el Protocolo de Montreal de 1987 continúan impulsando la recuperación de largo plazo del ozono estratosférico. El acuerdo comprometió a los países a sustituir las sustancias que agotan la capa por alternativas menos dañinas.
Stephen Montzka, científico sénior del Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA, indicó que los niveles de cloro en la estratosfera antártica procedentes de esos compuestos cayeron aproximadamente un tercio frente a los valores de la década de 1980. Los clorofluorocarbonos se utilizaron ampliamente en refrigeradores, aires acondicionados y materiales de aislamiento para edificios, y pueden permanecer durante décadas en la atmósfera o filtrarse desde productos antiguos y vertederos.
A medida que esos compuestos residuales se descompongan, los científicos estiman que el agujero de la capa de ozono se recuperará durante la década de 2070.
